El mundo de Hortensia Kauri

Anécdotas y contradicciones de los treintipico. También, música, amores, andanzas.

Wednesday, March 22, 2006


Dar sangre

Anoche soñé con todos ustedes. Soñé que estaba en un edificio abandonado en Necochea, un lugar que no conozco. No había nadie porque era invierno. Soñé que me despertaba ahí, en un departamento lleno de habitaciones vacías. Estaban todas las puertas abiertas menos una. Di una vuelta por la sala, miré por la ventana. El mar bramaba como braman los ciervos en celo de La Pampa. Me quedé mirando un rato largo y vi una ola que mutó en ciervo gigante y después se deshizo en la arena. Era un día nublado. En la calle tampoco había nadie. Me dio miedo. Me sentí sola. Pero sola como nunca. Entonces abrí la puerta cerrada.

Ahí estaban todos ustedes y eran miles: 6200 para ser exactos. El cuarto no medía más de 4x4 y no entraban. Estaban apilados, alfombraban el piso, empapelaban el techo, eran las cortinas de las ventanas y me gritaban. Me gritaban más que mis ex novios 1, 2 y 3 juntos. Me gritaban como nunca nadie me gritó. “¡Queremos lágrimas!”, decían mostrando los dientes, las caries arregladas con láser los más modernos, los otros con plomo, y los que tenían dientes de menos me mostraban las encías.

“¡Danos sangre!, Hortensia ¡Queremos sangre de domingo!”, repetían. No en el sentido de donar, se entiende. Tenían los ojos grandes y endiablados. Pensé que podían ser vampiros. Me dio miedo otra vez, pero cuando vi que no me hacían nada, me tranquilicé. Eran sólo gritos desaforados. Como si estuviera en la primera fila del recital de los Rolling.

Quise salir, pero había tantos de ustedes que no pude. La puerta ya no se abría. Decidí llegar a la ventana reptando entre cabezas y codos y piernas y culos. Tardé, creo, muchas horas. Toda la mañana, tal vez. Cuando por fin la alcancé, la abrí y salté al césped (estábamos en el primer piso). Me quedé sentada en el jardín un rato. Ustedes seguían gritando, furiosos, temibles. Me miraban por la ventana. De repente, me puse a llorar y ustedes se fueron callando. Uno a uno hasta que Necochea quedó en silencio. En el silencio más callado que escuché en toda mi vida. Gracias a esa calma me volví a dormir, en el sueño.

4 Comments:

Anonymous Florinda said...

Hortensia!!! Las lágrimas todo lo curan... igual necesitabas llorar y derretir el hielo de la soledad imaginaria..
nosotros no somos vampiros, sólo somos fantasmas dentro tuyo, somos tan sólo tu invención... como diría Paul Auster :"La invención de la soledad"...
Pero mirá, mirá bien: una vez despierta existimos de verdad, acá estamos, cada uno con su historia, cada uno conectando desde un lugar diferente con vos... pero somos todos reales... y disfrutamos y nos reimos, y nos identificamos... somos parte, y de alguna manera (porque asi lo quisiste) sos nuesta voz y la que empieza el juego...

8:05 AM  
Anonymous numero4 said...

Insinuas algunas heridas y los tiburones nos alborotamos. Comprendenos, somos solamente bestias.
Cubri inmediatamente la piel escariada y no te exhibas. El dolor solo se puede compartir en privado.

12:37 PM  
Anonymous numero4 said...

Me olvidaba, Florinda, sos insoportable!

12:40 PM  
Anonymous Anonymous said...

Me abstengo de opinar, fue muy fuerte, díficil, no me llevó bien con lo onírico. Sentí miedo.
Cannabio Sativo

1:17 PM  

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